Desde un cualquier lugar del mundo donde un día está por iniciar, les contare el trascurrir del tiempo entre imágenes, pensamientos y situaciones que podrían ser o no parte de la realidad.
Son las seis de la mañana y aunque el cálido espacio bajo las sabanas color turquesa invita a continuar en brazos del llamado Morfeo, con un gesto atlético me despido del lecho y casi a tientas como aquel que abre sus ojos al mundo por vez primera me dirijo hacia el ventanal que cubierto con cortinas blancas como la inocencia escondiendo tras de sí las otras de material opaco para impedir que la luz disturbe los secretos de la alcoba, comienzo a percibir las caricias de una ligera brisa que abraza mi entero cuerpo aun desnudo invitándome a una orgia de placer indescriptible.
Pasado tal intenso y confortante lapso de tiempo, me cubro con la bata volviendo a la realidad, me acerco al resquicio quien siendo cómplice de la intromisión de aquel delicado soplo que al solo pensarlo me produce un ligero escalofrío que iniciando en el extremo anterior de los dos pulgares inferiores recorre completamente mi cuerpo haciéndome participe de un nuevo éxtasis.
Abriendo decididamente la puerta que conduce hacia el pequeño balconcito que orientado hacia el este me ofrece una silla desde donde poder admirar a otra maravilla de la naturaleza anunciarse en fondo a un mar que parece no querer moverse para no despertar a nadie. Los efectos de una tenue luz que comienza a tomar posesión y el debilitarse de la luna que hasta ese momento había sido la reina de la noche con su corte de estrellas, se abre ante mí una coreografía de la cual ni siquiera el más grande charlatán podría hacer una descripción en modo elocuente, veraz y que describa plenamente el espectáculo que tengo enfrente.
Con la majestuosidad y la dulzura que lo hace todas las mañanas el naranja pálido comienza a transformarse en un espectro de rojos que ocupan todo aquello que le es permitido creando un sin fin de reflejos y extrañas formas que te instigan a contemplar absorto en algo que te hace sentir infinitesimal pero a la vez lleno de orgullo y satisfacción por ser testigo de tal belleza.
Con su andar perenne el astro asoma e inicia su trayectoria hasta apoyarse en el horizonte donde pareciera que quisiera detenerse para prolongar aquel beso con que todos los días se despide hasta un nuevo amanecer.
Como parte de la escena observo en el cielo un grupo de gaviotas en formación, mientras que en un cierto punto del océano un banco de peces salta fuera del agua creando reflejos plateados en un azul que varía con el movimiento que ellos generan al cambiar dirección como si estuvieran realizando un ballet acuático exclusivamente para quien ensimismado ni siquiera parpadea para no perderse tal visión.
Que maravillosa forma de iniciar un nuevo día!

Un novato tejedor de palabras

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