En mi casa montar la navidad era sinónimo de sacar cajas llenas de los mismos adornos de siempre. Nunca cambiábamos el arbolito y era una tarea que se finalizaba en apenas mediodía.
Cada quien tenía su función, y apenas mi abuela asomaba las grandes cajas, cada una sabía qué debía hacer: todo tenía su lugar y nunca se cambiaba nada. El santa de la puerta, el árbol plateado con sus bolas y juguetes - sí nuestro árbol a diferencia de los comunes, era color plata-, los mantelitos navideños, los centros de mesa de vidrio para las nueces, almendras y algunas castañas si se conseguían a buen precio...
Recuerdo con particular cariño unas especies de boas doradas y plateadas que solían darle la vuelta al árbol, aunque en realidad eran el accesorio ideal para cualquier niña que soñara con ser actriz famosa de hollywood.
Este sábado Amalia nos invitó a montar su árbol. Ella tarda meses planificando los colores que va a usar y apenas comienzan a aparecer los típicos adornos navideños en las vitrinas de las tiendas, es la primera en hacer un tour que puede durar un par de semanas para seleccionar lo mejor.
Montar el arbolito es mucho más que una tradición, es un ritual que puede durar días. Cada adorno debe estar en lugar correcto, así que primero se superpone en la rama seleccionada, luego se retrocede un par de metros, y se analiza desde cada ángulo si luce bien allí. Si se consigue el punto exacto se fija con un pequeño alambre, sino hay que buscar otro sitio.
Me encanta esa pasión con la que Amalia monta la navidad en su casa, como ordena todas las bolas, ramas, y accesorios por colores y tamaños sobre una mesa, para ir facilitando el proceso.
Puedo jurarles que ella hace de una tradición toda una obra de arte. Cuando me fui de la casa, no lo habíamos terminado. Prometo montar la foto del árbol listo.



Tibisay Fuentes Herrera, desde Caracas, Venezuela

Si lo desean pueden visitar mi BLOG con más material, GRACIAS.

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