Mitad de octubre del siglo pasado. Me encuentro bien en mi mundo amortiguado, colocada en aquella bola tibia, llena de un néctar que huele bien. Me cuesta abandonarlo. De vez en cuando, muy lejano, oigo una voz femenina del tono un poco preocupado y a contestarle oigo otra voz femenina muy resuelta que intenta tranquilizar la joven. A veces algo suave se apoya delicadamente sobre mi mundo, queriendo protegerlo. Por un lado, dentro de mi bola, no tengo que temer nada, por el otro, estoy consciente de que no puedo quedarme por aquí para siempre, pero espero lo más largamente posible. Estoy segura de que un día vendrán a buscarme y si no voy con las buenas, por cierto me cogen con las malas. El tiempo pasa sin pararse.
Un día la calma se interrumpe bruscamente y me doy cuenta de que quizás haya llegado el momento decisivo. Alrededor de mí hay movimientos indefinibles, varias voces desconocidas. �Qué pasa por allá? Desde hace un rato tengo la sensación de que hay un intruso, el cual me arranca algunos de mis ya escasos pelos. Poco después, otra vez me molestan, tentando mi cabeza y aplicándole algo. Un tirón con delicadeza, pero yo empiezo a rebelarme con todas mis fuerzas. Mientras estoy luchando, por descuido me trago una bocanada de líquido que me cae muy mal. Poco a poco me sacan de mi mundo amortiguado, dejo hacer porque no tengo más fuerzas, además estoy por desmayarme. No logro respirar... algo me aprieta la garganta. El último tirón y ya está.
Aquí estoy, allí donde no quería ir, es decir en mi mundo nuevo. De pronto me pegan suavemente en el trasero, además me tienen colgada por los pies cabeza abajo, empiezo a llorar. �Qué modales crueles son éstos? No estoy acostumbrada. Pasado el primer susto, me bañan, me toman las medidas, me pesan. 47cm, 3 kg 250 gr, ojos azules, sexo femenino. También han elegido un nombre para el ser humano recién nacido.

E.Z.

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